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miércoles, 11 de marzo de 2009 |
Nancy Bacelo (1931-2007) Como protegida por una cúpula invisible, la Feria Nacional de Libros, Grabados, Dibujos y Artesanías mantuvo durante cuarenta y siete años –en las cuatro localizaciones que tuvo– el mismo ambiente lúdico, el mismo aire a feria medieval y a cofradía de artistas y artesanos algo delirantes. Por sus pasillos y recovecos transitaron generaciones de uruguayos. Quien pasó de niño seguramente no olvida la sensación de irrealidad y magia con la que se volvía a casa. Sin embargo su creadora, Nancy Bacelo, se apoyó sobre bases bien concretas; de otra manera, movilizar a tanta gente y consolidar un emprendimiento de tal magnitud hubiera sido imposible. Mirando en perspectiva, y a un año y medio de la desaparición física de Nancy (todos la llamaban sólo por su nombre, a secas), podemos juzgar con objetividad que ‘su feria’ fue producto de haber sabido soñar con realidades. Así lo refleja una de sus tantas frases, mitad poéticas mitad pragmáticas, que se convirtió en lema de la Feria: “Para llegar tuvimos que empezar”. |
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lunes, 29 de diciembre de 2008 |
DESLUMBRANTE PINACOTECA EN LAS SOMBRAS Oleo de Guido Reni Dicen que una imagen vale por mil palabras. Entonces, voy a intentar contarles ‘una imagen’. Están bajando un cuadro de un altillo del depósito de nuestro Museo Nacional de Artes Visuales. Casi sin respirar espero poder verlo. Lo he buscado tantas veces, esta es la primera vez que voy a poder verlo. No sé todavía qué sensación va a provocar en mí. Quizás sea como cuando uno ve a una persona, una casa o el océano por primera vez. Esa sensación de la primera vez que se vuelve eterna en tus retinas y en tu alma, que permanece intacta mientras estés viva. Finalmente ahí está frente a mí: es un bellísimo cuadro de 1,51 por 1,09 metros. Por fin nos encontramos, pienso.
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sábado, 01 de noviembre de 2008 |
 Por Mariano Arana Por su estructura vial, por la calidad de sus espacios públicos, por el número y la jerarquía de sus obras artísticas y por el relieve estético de su masa edificada suele percibirse a Buenos Aires, Viena, Roma y París como ciudades ‘monumentales’. Disímil es el caso de Montevideo, más allá de los múltiples atractivos que posee el territorio que sustenta. La capital uruguaya, sin embargo, cuenta con un rico patrimonio de monumentos singulares. De ese rico patrimonio hemos optado por ilustrar algunos, conscientes de que toda selección puede ser cuestionable. Cuestionable, aunque no necesariamente arbitraria, por lo que conviene señalar ciertas características comunes que presenta el conjunto de los ejemplos aquí considerados. Anotemos en primer lugar el explícito reconocimiento de figuras trascendentes de nuestro proceso histórico o la exaltación de tradiciones y principios éticos y cívicos estructurantes de valores fuertemente arraigados en la idiosincrasia nacional. Subrayemos, complementariamente, que la totalidad de las obras seleccionadas están localizadas en sitios emblemáticos dentro del contexto urbano, paisajístico y geográfico de la ciudad. Confiamos que los trabajos que siguen –valoraciones críticas realizadas por destacados estudiosos de nuestro acervo cultural más dos trabajos propios sobre sendos memoriales– puedan facilitar un mejor conocimiento y aproximación sensible a la singular e indudable calidad artística de los monumentos reseñados. |
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lunes, 01 de septiembre de 2008 |
Nostalgias de la catedral del futuro

Al regresar, mi compañero de mesa, a bordo del La Fayette, me decía: “Evidentemente, si los constructores de las catedrales volvieran de la lejanía de los tiempos al París moderno, podrían exclamar: ‘¿Cómo? Con vuestros aceros diversos –blandos, duros, cromados y demás–, con vuestros cementos Pórtland artificiales o vuestros cementos eléctricos, con vuestras máquinas elevadoras, perforadoras, excavadoras, transbordadoras, con vuestros cálculos, vuestra ciencia de la física, de la química, de la estática, de la dinámica, ¡Dios santo!, no habéis hecho nada digno y humano! ¡No hacéis nada que ilumine nada en torno de vosotros! Nosotros, con piedras talladas pacientemente y ajustadas sin cemento, unas a otras, ¡hemos hecho las catedrales!”. Cuando las catedrales eran blancas. Le Corbusier
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