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miércoles, 31 de diciembre de 2008 |
Gigante de la cultura mundial Maya Plisetskaya como Odette en El lago de los cisnes, con música de Chaikovski. Hay que remontarse a la Rusia del siglo XVIII, más precisamente al año 1776, en pleno esplendor de la época zarista, para encontrar los orígenes de una institución que con el paso del tiempo se fue transformando en una leyenda cultural. La clave hay que buscarla en la emperatriz Catalina II (‘La Grande’), mujer inteligente, de amplia cultura y mecenas de las artes que tuvo la buena idea de otorgar al príncipe Piotr Urúsov la potestad de administrar todas las representaciones teatrales de Moscú. Así, bajo la tutela de Catalina –que se consideraba a sí misma “una filósofa en el trono” y quiso europeizar Rusia imponiendo el modelo francés– nació uno de los gigantes de la cultura rusa: el teatro Bolshoi de Moscú, que en ruso quiere decir “grande”, un “teatro-potencia” sólo comparable a su gran rival, el Teatro Mariinsky de San Petersburgo, que por entonces era la capital de la Rusia zarista. Así como el Mariinsky alojó la prestigiosa escuela Vagánova (de Agrippina Vagánova, alma máter de la escuela soviética) y al ballet del Kirov, el Bolshoi moscovita dio a la célebre compañía de ballet, además una compañía de teatro y otra de ópera. Entre los antecedentes más directos del ballet del Bolshoi hay que mencionar a una trouppe de bailarines fundada por Urúsov y Michael Maddox e integrada con un grupo de huérfanos del Orfanato de Moscú que, como parte de sus rutinas, tenían lecciones de la más estricta técnica clásica junto a Filippo Beccari, un bailarín del ballet de San Petersburgo de quien se dice que protagonizó la hazaña de formar 24 solistas con 62 alumnos. Durante tres años, la improvisada compañía –que todavía no tenía teatro– se presentó en un recinto privado, más precisamente en la casa del conde Vorontsov, un ilustre general del imperio ruso. En 1780, se mudaron al teatro Petrovsky, pero en 1805 un incendio lo redujo a cenizas. Un cuarto de siglo después se inauguró la suntuosa sala del Bolshoi, obra del arquitecto Osip Bovet sobre diseño de Andréi Mijailov. Pero el templo del ballet fue nuevamente devorado por las llamas y tuvo que ser reconstruido en 1856 por Alkbert Kavos. Quienes han tenido la oportunidad de visitarlo coinciden en que, más que un instrumento para estimular el amor a las artes, el teatro Bolshoi es prácticamente un instrumento musical en sí mismo. Su auditorio está revestido en finas maderas y tiene una de las acústicas más perfectas del mundo. Su fachada neoclásica está presidida por Apolo –el dios griego de la poesía y las artes, señor de las musas– y su carroza. No es casual que sea justamente Apolo –símbolo del equilibrio clásico– el que domina las alturas y da la bienvenida al templo ruso de las artes: en ese recinto sagrado del teatro, la ópera y la danza cultivaron los valores apolíneos con un fervor raras veces visto en la historia del ballet, siguiendo los preceptos de la escuela Vagánova.
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lunes, 01 de septiembre de 2008 |
Programa Nuevas Vías de Acceso Once bailarines, seleccionados entre los mejores con que cuenta la danza contemporánea local, fueron los protagonistas entre el 16 de julio y el 10 de agosto de un evento poco común que tuvo como escenario el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV). Performances, solos y talleres de danza contemporánea dieron forma a una actividad artística que procuró establecer un diálogo entre la danza y las artes plásticas.
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jueves, 01 de mayo de 2008 |
 Foto: Nicolás Deragopian CON EL BAILARÍN Y COREÓGRAFO GIGI CACIULEANU
Francés de orígenes rusos y griegos, nacido en Rumania, Gigi Caciuleanu es, sin duda, uno de los más grandes coreógrafos de nuestro tiempo. Al frente del Ballet Nacional de Chile (Banch), compañía que dirige desde hace siete años, acaba de presentar en el Teatro Solís de Montevideo un brillante y conmovedor espectáculo titulado Noche Bach, en donde dejó bien claro lo que puede lograr un gran talento creativo al frente de un ballet compuesto por bailarines de elite. |
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viernes, 29 de febrero de 2008 |
A SU MANERA
Después de recorrer el mundo de punta a punta con su arte, el pasado 22 de diciembre el bailarín argentino Julio Bocca cumplió su promesa de retirarse apenas cumpliera los cuarenta años y le dijo adiós, de manera grandilocuente, a su viejo amor. Bocca se despidió, en su Buenos Aires natal, del público y de la escena, rodeado de bailarines que admira con los cuales compartió distintas instancias de su carrera: compañeros de ruta como los argentinos Eleonora Cassano, Maximiliano Guerra y Cecilia Figaredo, rutilante figura de su compañía, el Ballet Argentino, que dirige junto a la uruguaya Sara Nieto. No faltaron a la cita estrellas de la Ópera de París como Manuel Legris, con quien bailó en más de un escenario, primeras figuras de la escena internacional como la española Tamara Rojo, del Royal Ballet de Londres, y la exquisita bailarina rusa Nina Ananiashvili de la que fuera partenaire durante años en el American Ballet Theatre, entre otros. Alrededor de 400 mil personas asistieron a la Plaza de la República, donde estaba montado el escenario, así como una serie de pantallas gigantes que permitieron disfrutar del show desde todo punto de vista. El Ballet Argentino presentó su obra Repercusiones, y varios cantantes argentinos acompañaron los últimos pasos sobre el escenario de uno de los bailarines más grandes de todos los tiempos. Lo que sigue es un reportaje gráfico del ensayo de la obra Adiós hermano cruel, con la que se despidió en el Teatro Solís de sus admiradores montevideanos, así como de un fragmento de Repercusiones –a donde Dossier accedió de manera exclusiva– y algunos de los comentarios vertidos en una informal conferencia de prensa que dio en el Hotel Sheraton junto a un reducido número de periodistas, porque escucharlo es tan agradable como verlo bailar. Bocca se retiró feliz, tal vez porque, como cantó Mercedes Sosa durante la despedida, no se tiene miedo al invierno cuando hay recuerdos llenos de sol.
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sábado, 15 de diciembre de 2007 |
ENTREVISTA CON SARA NIETO
Interpretó como nadie los grandes clásicos del ballet del siglo XIX y del siglo XX. Fue musa de grandes coreógrafos contemporáneos que crearon piezas exclusivamente para ella. Deslumbró a balletómanos del mundo entero. En Chile fue nombrada Primera Bailarina Estrella –distinción que antiguamente se otorgaba a las primeras bailarinas más destacadas–. Desde 2006 es la directora residente de la Compañía de Ballet Argentino de Julio Bocca. Es la bailarina, maestra y directora uruguaya que más pasos ha dado por el mundo. Al momento de la entrevista –que se realizó vía mail– acababa de llegar de Estados Unidos, después de una gira de casi dos meses que también pasó por Europa. Al día siguiente partía nuevamente de gira por Argentina, Bolivia y Chile. En medio de todo ese ajetreo, Sara Nieto se hizo un tiempo para repasar algunos momentos de su extraordinaria carrera. |
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