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domingo, 01 de noviembre de 2009 |
Con la escritora colombiana Laura Restrepo Se dio a conocer en las librerías uruguayas cuando ganó el Premio Alfaguara 2004 por su potente novela Delirio, celebrada por José Saramago como “una expresión de todo lo que Colombia tiene de fascinante”. La pluma de Laura Restrepo retrata, en esa historia, el alma herida de una mujer que vive los estragos de la violencia imperante a fines de los años ochenta en ese país, aquella instaurada por Pablo Escobar. Paradójicamente, esta escritora bogotana que es también periodista, que ha sido militante de izquierda y maestra, detesta las etiquetas regionales. Si bien ha estado siempre en el ojo de la tormenta, motivada por entender las razones que alimentan los derrames de sangre en su país, su fin último no es otro que escribir historias universales. Sin duda que ha logrado trascender el sabor local, el toque exótico de un país que hace que una historia se venda; no en vano con Delirio recibió el premio Grinzane Cavour, prestigioso galardón que ha sido otorgado a firmas como Günter Grass, J. M. Coetzee, Mario Vargas Llosa, Doris Lessing, Kenzaburo Oé. Ha escrito nueve novelas entre las que se destacan Leopardo al sol, La novia oscura e Historia de un entusiasmo, fruto, esta última, de su experiencia al ser nombrada por el presidente Belisario Bentancur miembro de la comisión negociadora de paz entre el gobierno y la guerrilla del M-19. Este año, y después de un lustro sin publicar, Restrepo regresa a los anaqueles con su obra más autobiográfica: Demasiados héroes. El germen de su experiencia en Argentina, en épocas de la dictadura de Videla, donde vivió en la clandestinidad junto a su pareja, un militante comunista argentino, y el hijo de ambos, se transforma en una ficción fascinante en la que sólo la autora y su hijo conocen los límites entre fantasía y realidad. |
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martes, 01 de septiembre de 2009 |
Mario Levrero desembarca en España
“Escribir como un perro que escarba su hoyo, una rata que hace su madriguera. Para eso: encontrar su propio punto de subdesarrollo, su propia jerga, su propio tercer mundo, su propio desierto”. Giles Deleuze - Félix Guattari, Kafka. Por una literatura menor |
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miércoles, 01 de julio de 2009 |
Breve historia del género policial ¿Quién lo hizo? Cuando se buscan los orígenes de lo que conocemos hoy por novela policial, negra o criminal, suele aparecer el sospechoso habitual: el notable poeta de Boston, el genial cuentista, el heredero trágico del romanticismo alemán, el enorme Edgar Allan Poe. No es el único crimen literario que se le atribuye. También parece ser buscado una y otra vez como culpable de ese otro género bastardo, la ciencia ficción. Lo cierto es que las reglas de oro del relato policial fueron escritas en 1841 con el primero de cuatro cuentos en los que Poe puso en juego su afilada mente analítica y su fascinación por los abismos humanos. Los crímenes de la calle Morgue es entonces el texto fundador, al que seguirán El misterio de Marie Roget (1843), El escarabajo de oro (1843) y La carta robada (1845).
Tres de estos relatos son protagonizados por el caballero C. Auguste Dupin y narrados por su inseparable e innominado amigo, un juego que más tarde recreará Arthur Conan Doyle con el médico John D. Watson, el eterno sorprendido por las artes deductivas de su amigo Sherlock Holmes. |
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martes, 12 de mayo de 2009 |
Horacio Quiroga Horacio Quiroga Trabajando en su taller de San Ignacio. Aun si se ha leído poco la obra de Horacio Quiroga (Salto, 1878-Buenos Aires, 1937), difícil que por estas latitudes no se hayan escuchado noticias sobre la serie de muertes que persiguieron a este hombre, que parece asemejarse a un personaje de Horacio Quiroga. Desde el fin violento de su padre (nunca bien aclarado por sus biógrafos), hasta los suicidios de su padrastro, su primera mujer, el suyo propio y el de sus tres hijos. Esta aureola siniestra que tiñe su biografía y la convierte en una historia apasionante y trágica abastece, voluntariamente o no, el mito. Su imagen en la madurez, la del hombre hosco o de gesto esquivo y barba tupida, llamó la atención de sus contemporáneos. Incluso esa estampa fue asunto de mofa por parte de los jóvenes que rechazaron sus historias misioneras, como el primer Borges, quien en un pequeño artículo publicado en la revista Martín Fierro (Nº 19, 18/VII/1925), al pasar aludió irónicamente al “renegrido secreto que ha emboscado en su renegrida barba Horacio Quiroga”. |
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