OCHO PRESENTES NAVIDEÑOS No existe en Uruguay, como sí en tantos otros lugares, una producción artística relacionada con la Navidad, esa festividad de origen cristiano cuya celebración provoca un estado del alma en el cual lo universalmente esencial cobra protagonismo y lo milagroso se torna posible. Aquí no se editan recopilaciones ni versiones de canciones tradicionales navideñas o historias alusivas en los periódicos, no se anuncian estrenos cinematográficos, teatrales, ni exposiciones plásticas referidas al tema. Sin embargo, aun los uruguayos más escépticos y materialistas entienden de qué se habla cuando se dice espíritu navideño. A todo esto, parte importante del mundo hace un lugar para la creatividad navideña. Y no es necesario remitirse al notorio ejemplo de Estados Unidos, basta sumergirse en internet para encontrar una inmensa gama de concursos de cuentos, ilustraciones navideñas u otras manifestaciones artísticas originadas en países como España, Brasil, México, Guatemala y Perú. Existe una tradición literaria que sustenta una verdadera literatura de ficción navideña. Habiendo trabajado en una fábrica de betún desde chico para suplir la falta de su padre preso, Charles Dickens encontró en ‘Canción de Navidad’ –una historia aparentemente ligera y fantástica– la vía para expresar la necesidad vital humana de transformar el propio destino. Más recientemente y a través del cine, probablemente aún esté en la memoria de muchos el entrañable personaje que encarna Harvey Keitel (Auggie) en Cigarros, de Paul Auster, que sirve de inspiración para el cuento de Navidad que debe escribir William Hurt en la película de Wayne Wang. De variados estilos, procedencias y a lo largo de diferentes épocas los escritores crearon textos de temática navideña, desafiando en la mayoría de los casos el preconcepto de que una pieza tal tienda generalmente a la liviandad, la cursilería o pueda ser juzgada como un producto comercial. Algunos ejemplos: Christian Andersen, Oscar Wilde, Agatha Christie, Truman Capote, Ray Bradbury, Asimov, Nabokov, Bécquer, Ramón del Valle Inclán y E. T. Hoffman con su ‘Cascanueces’ posteriormente llevado al ballet. “Navidad no será navidad sin regalos…” decía Jo, álter ego de Louisa May Alcott, al comienzo de Mujercitas, en 1868. Mi agradecimiento a Claudia Amengual, Andrea Blanqué, Natalia Mardero, Henry Trujillo, Jaime Clara, César Lorenzo, Giuliana Mardero y Federico Murro por sus presentes navideños que han hecho posible esta breve y simbólica antología que presentamos a continuación. |