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viernes, 01 de enero de 2010 |
El artista en busca de la belleza erótica Uno de los ‘Ignudi’ de la Capilla Sixtina. Miguel Ángel. ¿Es posible hablar de una belleza erótica e incluso de una belleza pornográfica? El tema que trataremos intenta responder esas preguntas. Determinemos, primeramente, algunas cosas. En principio convengamos que existe un goce intrínseco a la obra de arte, al que llamaremos goce estético. En segundo término subrayemos que existe otro tipo de goce, generado a expensas de la imagen erótica, que llamaremos goce sexual. Aquí se abre un abanico de gamas disfrutables de acuerdo al observador y a sus necesidades. Necesidades de ambos lados: la del artista y la del espectador. En el medio se sitúa la imagen, con poder autónomo, expansivo o compresivo de su ser interior. |
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domingo, 01 de noviembre de 2009 |
Repaso crítico a doscientos años de evolución ‘Luna y rancho’, José Cuneo, 1942. Hubo un tiempo durante el cual un paisaje era un paisaje, valgala tautología. Un paisaje era, en un todo de acuerdo con los diccionarios, la pintura o bajorrelieve que representa lo campestre: algo así como una ventana a la realidad natural. Por añadidura, el paisaje como género artístico era uno de los más nobles. Los géneros de la pintura, por su parte, se articulaban con base en la jerarquía de sus temas, guardando una estrecha relación entre tema y modo de pintar; el concepto entonces llegó a tornarse ambivalente: género de pintura y pintura de género. (El sistema de los géneros maduró así entre el siglo XVII y el XVIII). Pero, para el arte moderno, uno y otra dejaron de ser operativos, a tal punto que ni para la función clasificatoria servían. Veamos. El ‘Guernica’, de Picasso, lleva el nombre de una ciudad; pero quienes buscaran identificarla en un paisaje sobre el lienzo quedarían decepcionados (y algunos hasta le reprocharon a Picasso que no hubiera incluido el árbol de Guernica). ¿Cómo calificar este cuadro? ¿Pintura épica? ¿Paisaje? Una exposición que gira en torno al paisaje, ese género artístico, con posterioridad al desborde que desdibujó sus fronteras, no puede ser un regreso ingenuo, pues los géneros ya perdieron su inocencia. Aunque también se ganó algo en el camino: el paisaje que antaño tenía por referente lo campestre terminó por aceptar el mundo urbano y el mundo artificial; el de las máquinas y los letreros luminosos; el paisaje que antes se expresaba a través del naturalismo, terminó por manifestarse en todos los lenguajes: cubista, abstracto, conceptual. Aquí vamos a hablar de pérdidas y ganancias, planteando una relectura crítica. |
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domingo, 01 de noviembre de 2009 |
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A unos cuarenta y cinco minutos del centro de la ciudad se encuentra el taller de Javier Bassi (Montevideo, 1964). Para llegar hasta allí es necesario cruzar un puente y unas antiguas vías de tren hasta encontrar un portón de malla donde ningún cartel, ni ninguna luz, advierte que ése es el destino.
Lo que se ve desde el portón es un terreno casi baldío con árboles, plantas y flores silvestres. Al fondo unas puertas corredizas de pesada madera que el dueño del lugar entreabrirá cuando se le anuncie por SMS o de alguna otra forma que alguien ha arribado. Desde la vereda, se ve a Bassi avanzar sonriendo, cortésmente, con las llaves en la mano. Es un hombre delgado, más bien alto, con el pelo entrecano, cortado en forma asimétrica –unos mechones le caen sobre los ojos y otros se le escapan del cuello de la remera, a la altura de la nuca–. Tiene algo de estudiado descuido al tiempo que parece un caballero inglés. |
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martes, 01 de septiembre de 2009 |
La historia en la trama El artista en su taller. Desde remotos orígenes, el arte de tejer con fibras animales y vegetales ha constituido una experiencia estética tanto visual como táctil. Experiencia relacionada con el abrigo y la protección; lejanos nómades de las estepas asiáticas y otras etnias utilizaron tapices como medio de separar ambientes, con una idea mural. Por eso los tapices no tienen marco, simplemente se cuelgan. Fibras tejidas, entrelazadas o bordadas comenzaron a contar historias. Célebre, en este sentido, fue el ‘tapiz’ de Bayeux (en realidad es un lienzo bordado de casi setenta metros de largo) del siglo XI, ejemplo de la evolución del lenguaje del textil como medio de ‘comunicación visual’. Por cierto que una notable y bellísima historia de ornato –desde las paredes al piso– acompaña el desarrollo de este arte con alternados usos entre lo funcional y lo contemplativo. |
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miércoles, 01 de julio de 2009 |
Historias escondidas
Casas solitarias. Acaso esperando habitantes. Acaso ya abandonadas. En medio de un campo también solitario. Solas en la espacialidad curva del campo uruguayo visto como la piel tensa del vientre de una mujer. Casas como cajas vacías. Osamentas en la cuchilla. Ese es el ámbito dramático que atrae a Jorge Damiani. Y es justo que así sea: en el pasado común de los uruguayos no hay demasiadas cosas, además de estas casas que son, para la pintura de Damiani, lo que la luna para las de José Cuneo: un protagonista del espacio pictórico. Puntos de civilización en medio de la naturaleza, el conjunto de casas y los cascos de estancias son intentos empíricos de urbanización (surgidos como respuesta a las necesidades vitales: alimento, trabajo, descanso), y lugares de amparo para seres que debían protegerse de la intemperie, del descampado total, de la hostilidad del ambiente. Herederas de la caverna. Refugio. Guarida. Templo. |
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