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sábado, 31 de octubre de 2009 |
Repaso crítico a doscientos años de evolución ‘Luna y rancho’, José Cuneo, 1942. Hubo un tiempo durante el cual un paisaje era un paisaje, valgala tautología. Un paisaje era, en un todo de acuerdo con los diccionarios, la pintura o bajorrelieve que representa lo campestre: algo así como una ventana a la realidad natural. Por añadidura, el paisaje como género artístico era uno de los más nobles. Los géneros de la pintura, por su parte, se articulaban con base en la jerarquía de sus temas, guardando una estrecha relación entre tema y modo de pintar; el concepto entonces llegó a tornarse ambivalente: género de pintura y pintura de género. (El sistema de los géneros maduró así entre el siglo XVII y el XVIII). Pero, para el arte moderno, uno y otra dejaron de ser operativos, a tal punto que ni para la función clasificatoria servían. Veamos. El ‘Guernica’, de Picasso, lleva el nombre de una ciudad; pero quienes buscaran identificarla en un paisaje sobre el lienzo quedarían decepcionados (y algunos hasta le reprocharon a Picasso que no hubiera incluido el árbol de Guernica). ¿Cómo calificar este cuadro? ¿Pintura épica? ¿Paisaje? Una exposición que gira en torno al paisaje, ese género artístico, con posterioridad al desborde que desdibujó sus fronteras, no puede ser un regreso ingenuo, pues los géneros ya perdieron su inocencia. Aunque también se ganó algo en el camino: el paisaje que antaño tenía por referente lo campestre terminó por aceptar el mundo urbano y el mundo artificial; el de las máquinas y los letreros luminosos; el paisaje que antes se expresaba a través del naturalismo, terminó por manifestarse en todos los lenguajes: cubista, abstracto, conceptual. Aquí vamos a hablar de pérdidas y ganancias, planteando una relectura crítica. |
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sábado, 31 de octubre de 2009 |
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A unos cuarenta y cinco minutos del centro de la ciudad se encuentra el taller de Javier Bassi (Montevideo, 1964). Para llegar hasta allí es necesario cruzar un puente y unas antiguas vías de tren hasta encontrar un portón de malla donde ningún cartel, ni ninguna luz, advierte que ése es el destino.
Lo que se ve desde el portón es un terreno casi baldío con árboles, plantas y flores silvestres. Al fondo unas puertas corredizas de pesada madera que el dueño del lugar entreabrirá cuando se le anuncie por SMS o de alguna otra forma que alguien ha arribado. Desde la vereda, se ve a Bassi avanzar sonriendo, cortésmente, con las llaves en la mano. Es un hombre delgado, más bien alto, con el pelo entrecano, cortado en forma asimétrica –unos mechones le caen sobre los ojos y otros se le escapan del cuello de la remera, a la altura de la nuca–. Tiene algo de estudiado descuido al tiempo que parece un caballero inglés. |
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lunes, 31 de agosto de 2009 |
La historia en la trama El artista en su taller. Desde remotos orígenes, el arte de tejer con fibras animales y vegetales ha constituido una experiencia estética tanto visual como táctil. Experiencia relacionada con el abrigo y la protección; lejanos nómades de las estepas asiáticas y otras etnias utilizaron tapices como medio de separar ambientes, con una idea mural. Por eso los tapices no tienen marco, simplemente se cuelgan. Fibras tejidas, entrelazadas o bordadas comenzaron a contar historias. Célebre, en este sentido, fue el ‘tapiz’ de Bayeux (en realidad es un lienzo bordado de casi setenta metros de largo) del siglo XI, ejemplo de la evolución del lenguaje del textil como medio de ‘comunicación visual’. Por cierto que una notable y bellísima historia de ornato –desde las paredes al piso– acompaña el desarrollo de este arte con alternados usos entre lo funcional y lo contemplativo. |
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martes, 30 de junio de 2009 |
Historias escondidas
Casas solitarias. Acaso esperando habitantes. Acaso ya abandonadas. En medio de un campo también solitario. Solas en la espacialidad curva del campo uruguayo visto como la piel tensa del vientre de una mujer. Casas como cajas vacías. Osamentas en la cuchilla. Ese es el ámbito dramático que atrae a Jorge Damiani. Y es justo que así sea: en el pasado común de los uruguayos no hay demasiadas cosas, además de estas casas que son, para la pintura de Damiani, lo que la luna para las de José Cuneo: un protagonista del espacio pictórico. Puntos de civilización en medio de la naturaleza, el conjunto de casas y los cascos de estancias son intentos empíricos de urbanización (surgidos como respuesta a las necesidades vitales: alimento, trabajo, descanso), y lugares de amparo para seres que debían protegerse de la intemperie, del descampado total, de la hostilidad del ambiente. Herederas de la caverna. Refugio. Guarida. Templo. |
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martes, 30 de junio de 2009 |
Pinceladas y dividendos ‘Constructivo misterioso’, Joaquín Torres García, 1932. El arte como instrumento de inversión no es novedad. Hace años ya que los bancos más importantes del mundo crearon departamentos de arte para asesorar a sus clientes en esa área. El Deutsche Bank y el UBS son algunas de las entidades financieras que ofrecen productos artísticos como forma de diversificación de sus portafolios. Incluso se han creado fondos donde se pueden comprar cuotapartes de obras de artistas consagrados que luego son revendidas. Si bien la reciente crisis afectó las cotizaciones de los grandes maestros mundiales, el arte sigue siendo moneda fuerte. Así como en busca de seguridad muchos se vuelcan a las propiedades inmobiliarias, cada vez son más los inversionistas que prefieren colocar su capital en una obra de arte en lugar de confiarlo a la Bolsa. Pero los grandes coleccionistas no sólo se mueven con sus brokers. Ya lo demostró Luciano Benetton el pasado verano al comprar varias obras en la galería Sur de Punta del Este. Los remates organizados por Castells y Castells en el Hotel Conrad y el que realizó Juan Enrique Gomensoro en el Museo de Arte de Maldonado reflejaron también la disposición de los visitantes extranjeros (y los uruguayos) a adquirir arte local. |
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lunes, 11 de mayo de 2009 |
IMPRESIONISMO MEDITERRÁNEO
Durante las primeras décadas del siglo XX, Joaquín Sorolla (1863- 1923) fue caracterizado como el maestro español de la luz. Mientras que los impresionistas franceses habían practicado su novedosa pintura al aire libre en los alrededores de París, preferentemente a las orillas del Sena, Sorolla utilizó recursos similares a los de ellos –a quienes admiraba– cuando pintó motivos de su entorno natal, en las costas del Mediterráneo. La diferencia radicaba en la luz y en el tratamiento plástico de la misma. Nacido en Valencia en 1863, estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos. Como joven estudiante dio muestras de dominar la pintura histórica, que era la preferida en los salones y concursos oficiales de la época. En esta tónica, realizó obras como ‘Defensa del Parque de Artillería de Monteleón’ (1884) y ‘El grito del Palleter’ (1885), esta última basada en un personaje histórico, relacionado con la lucha contra la invasión francesa del país valenciano. Gracias a su destreza, recibió una beca para estudiar en Roma y París. La estadía parisina, en 1885, cuando tenía poco más de 20 años, fue decisiva para el desarrollo de su carrera. Fue entonces cuando conoció de cerca la pintura impresionista, que lo influyó profundamente. También se familiarizó con la obra de distintos pintores que practicaban un estilo naturalista, como John Singer Sargent, artista estadounidense que vivió en Europa, y el sueco Anders Zorn, quien sería reconocido por el tratamiento de la luz nórdica, especialmente los reflejos de la misma en el agua y los cuerpos desnudos. |
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lunes, 11 de mayo de 2009 |
 Pablo Picasso. ‘Instruments de musique sur un géridon’, 1914-1915. La subasta de la colección Bergé-Saint Laurent, realizada en el Grand Palais de París los días 21, 22 y 23 de febrero de 2009, se erigió como un hito histórico al recaudar 373 millones de euros. Nunca una colección privada había logrado alcanzar esa cifra. El acontecimiento fue también excepcional por la increíble puesta en escena del remate, impregnada de un glamur y una fineza dignas del mejor de los desfiles de moda organizados por el mítico diseñador Yves Saint Laurent, fallecido hace un año, el primer día de junio de 2008. |
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domingo, 08 de marzo de 2009 |
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 ‘Proyecto de vitral’, 1965. Hablar de María Freire (Montevideo, 1917) es hablar de una artista, de una mujer, pionera en el arte abstracto uruguayo. Pero también, en cierta manera, es hablar de José Pedro Costigliolo, porque ambos constituyeron un tándem creativo excepcional, conformando una unidad estético-sentimental digna de ejemplo. Ejemplar ha sido el accionar de María Freire para su época, cuando demostró el necesario carácter, la perseverancia, la inteligencia y la intuición en el cumplimiento de sus principios como mujer y como artista.
En usufructo de una beca de estudios, María Freire viajó a Europa en el año 57 junto con Costigliolo, instancia en donde tuvo la oportunidad de vivir directamente una experiencia estética singular frente a obras de vanguardia. Eran de su particular interés las obras neoplasticistas de Mondrian y Van Doesburg, y toda la producción abstracto-concreta de la época.
De regreso a Uruguay, conformaron el Grupo del Arte No Figurativo que contó con prestigiosos representantes. Medio siglo después, María Freire, quien ha sobrevivido a su esposo desde el año 85, aún mantiene encendida la llama de su vocación artística que ilumina los recuerdos de su gesta plástica en común. |
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domingo, 28 de diciembre de 2008 |
Los rastros del rostro Jorge Luis Borges, 1974. El rostro concentra la presencia de cada persona. Tanto que en las sociedades occidentales, el carozo de la identidad (todavía) se ubica más que nada en el rostro. Y el rostro es también el que hace patente la ligazón social, y la del individuo con su mundo. Según el filósofo francés Emmanuel Lévinas, la propia palabra rostro hace referencia a la presencia. Pero, advierte, no debemos confundir presencia con representación. En la representación del humano por el rostro se ha querido ver una suerte de texto jeroglífico cuya decodificación permitiría alcanzar la verdad que debía anidar detrás de la expresión y alcanzar también lo que la individualiza. Sobre ese texto, desde Leonardo (“los rastros del rostro muestran en parte los rasgos de la naturaleza de los hombres, sus vicios, su complexión”) a las efigies cortesanas de Le Brun, los artistas habrían tratado de decodificarlo aplicando una fisiognomía de las pasiones y otros.
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