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Dossier 10
D05 Con los oídos bien abiertos | D05 Con los oídos bien abiertos |
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| Dossier 05 | |
| por Augusto Techera | |
| jueves, 01 de noviembre de 2007 | |
ISABEL BARRIOS Y ALFONSO MUJICA, DOS PERSONALIDADES ARTÍSTICAS
Versatilidad y entregaLo primero que comparto con Dossier es la convicción de que estos dos artistas han brillado en nuestro medio y son al mismo tiempo nombres bien conocidos por nuestro público. Tanto la soprano Isabel Barrios como el barítono Alfonso Mujica se han destacado entre los cantantes jóvenes de la lírica uruguaya por haber transitado con igual interés por diversos caminos estéticos de la música. Con idéntico compromiso, honestidad musical y buenos resultados, ambos pasearon sus instrumentos por la música antigua y la canción de cámara, la ópera clásica y la romántica; desde el oratorio al repertorio sinfónico coral y, en todos los casos, ambos han cautivado y atrapado la atención por su versatilidad, musicalidad y calidad de fraseo. Mientras a Isabel me une la simpatía y el respeto de haber estado involucrado en proyectos de trabajo y tener amigos en común, con Alfonso comparto un profundo y ISABEL BARRIOS Y ALFONSO MUJICA, DOS PERSONALIDADES ARTÍSTICAS entrañable vínculo. Los he visto entregar al público todo lo que tienen en una noche de ópera o concierto y sé cuánto importa en ellos hacer música más allá del simple hecho de ser cantantes en sí mismos. Pero ¿quiénes son Isabel y Alfonso? ¿De dónde proviene ese sello musical que los identifica y los hace especiales a tal punto que nos detengamos en ellos? ¿Qué es lo que más ha impulsado el desarrollo de sus particularidades como intérpretes? Un punto de partida y dos caminosHay un punto de partida que une a ambos intérpretes: la misma maestra, la soprano Beatriz Pazos. Con ella dieron sus primeros pasos y ambos la consideran un puntal esencial de su formación. La Pazos es una soprano que descolló a principio de los años setenta en Montevideo y luego se radicó en Alemania, donde perteneció al elenco estable de la Ópera de Baviera. Luego de varios años retornó a Uruguay y se dedicó a la docencia. Allí se encontraron en alguna oportunidad Alfonso e Isabel, pero cada uno ha transitado su camino propio. Isabel se ha proyectado como solista desde la actividad coral y apoyada fuertemente en la música antigua, Alfonso tomó como punto de partida el recital romántico. Desde ello han crecido como artistas y han llegado a variadas empresas de riesgo. La Pazos fue quien impulso la versatilidad y fuerza emocional de ambos intérpretes. Por tanto no es extraño que quien por estos días personificó a Mercedes en la ópera Carmen del Solís, bajo la dirección de Reinaldo Censabella, sea la misma soprano que con el Ensemble Alauda colmó las instalaciones de la Cripta del Señor de la Paciencia, interpretando el Réquiem de Victoria. Tampoco es difícil extrañarse de que el barítono que acaba de ofrecer un recital de lieder para el Sodre, cantando obras de Grieg y Ravel, sea el mismo cantante visceral y arrojado de las temporadas de zarzuela. Tal vez los roles mozartianos sean el punto de encuentro de ambas voces. Isabel fue Zerlina de Don Giovanni en una producción en la Ópera de Cámara de Costa Rica, y Alfonso el Conde de Las bodas de Fígaro que cantó para el Sodre en el 2005, con dirección de Antonio Russo y María José Siri como la Condesa. La ópera barroca los encontró juntos este año en la reciente producción de Dido y Eneas de Purcell con puesta en escena de Levón y dirección de Antonio Domenighini. Mientras ella recreaba a una de las brujas, él personificaba al príncipe troyano. Detrás de las vocesIsabel es una mujer alegre y aparentemente sin divismos. Pequeña de estatura y delicada en sus movimientos, todo en ella fluye con femenina naturalidad. Al abordarla uno percibe un elegante formalismo con la dosis justa de simpatía. Me animaría a decir que es una típica montevideana, que goza de la rambla, Tristán Narvaja, los amigos y los libros. Multifacética e inteligente, es probable cruzarse con ella a la salida de un ensayo de De Profundis, rodeada de coreutas, o a la noche siguiente verla salir de un ensayo de ópera, o sobre un escenario en sus actuaciones regulares con el Ensemble Alauda que ella misma fundó. Tiene una enorme capacidad de trabajo y energía. Ama la polifonía tanto como el canto solista e insiste en que el trabajo coral ha sido fundamental en su desarrollo como cantante. Brilla con luz propia en la música antigua: maneja el temperamento y el estilo vocal que ese repertorio necesita. Su voz de soprano lírica suave se torna exquisita en los manierismos renacentistas y barrocos, con un grave pastoso y agudos cubiertos y redondos. Sabe hacer atractiva la escritura musical barroca y afronta con innegable solvencia los adornos típicos del período atrapando la atención del oyente. Estudió este repertorio con la soprano inglesa Julia Gooding, y tanto Francisco Simaldoni como Cristina García Banegas han aportado lo suyo en su gusto por el barroco, al mismo tiempo de servirse de su arte convocándola para diversos compromisos musicales. Con ese mismo interés ha profundizado en la canción de cámara francesa, alemana y uruguaya. El pasado año presentó un disco con canciones de Eduardo Gilardoni, acompañada por el propio autor, a quien cuenta entre sus amigos entrañables. Entusiasta, emprendedora, en constante ebullición creativa, Isabel es una artista completa, y quienes se acerquen a ella encontrarán un ser cordial de personalidad rica y atrayente. Casi en la antípoda está Alfonso. No pertenece ni está ligado a ningún circulo de cantantes de su generación y asegura que sus amigos son prácticamente los mismos que lo acompañan desde la infancia. Introvertido, reacio a las demostraciones afectivas y de pocas palabras entre los desconocidos, en su círculo más íntimo goza de un fino humor, ironía y desparpajo, y sus amigos aseguran que es muy sensible, afectuoso y divertido aunque exce-sivamente racional. Cantante consciente de sus virtudes y limitaciones, posee una autocrítica que raya lo destructivo. Aunque aparece siempre relajado y seguro en el escenario, afirma que la seguridad es una necesidad del alma del artista y no una convicción tangible de sus atributos. Alfonso es obsesivo en su trabajo, a cada proyecto le dedica las 24 horas. Por eso admira a quienes pueden realizar tres o cuatro actividades musicales al mismo tiempo (como Isabel). Posee una voz pequeña de barítono lírico que maneja con extrema sensibilidad, buscando siempre sonar natural. La canción de cámara se adapta a su fina expresión y poder de comunicación con el público, aunque se lo puede redescubrir como un intérprete muy intenso en ópera y zarzuela. Desde los 11 años colecciona y atesora una enorme cantidad de discos y libros sobre ópera y música sinfónica, incluso del repertorio que está lejos de sus posibilidades interpretativas, pero que estudia e investiga con el interés de cualquier melómano con más de dos décadas en el tema; y con el plus de que además él es un cantante. Puede pasar horas hablando de técnica vocal y repertorio si su interlocutor le resulta interesante, ama además la ‘gran ópera’ aunque su voz muy pequeña y sensual es más afín con el lied alemán o la melodie francesa o la canción telúrica del nacionalismo hispanoamericano. Quienes lo aborden encontrarán una personalidad algo distante y parca que no se rige por convencionalismos, aunque quienes logren sortear esa instancia, descubrirán un universo totalmente diferente que él reserva para unos pocos. Con los oídos bien abiertosUruguay no parece a priori un país de tradición operística, si comparamos a Montevideo con Santiago de Chile, que tiene una temporada de siete títulos, o Buenos Aires con más de veinticinco. Sin embargo basta dar una mirada con ojos (y oídos) bien abiertos para caer en la cuenta que un país que en este sentido rema contra la corriente ha dado en los últimos años más de una decena de cantantes al ámbito internacional. Pero así como algunos han elegido nuevas tierras para desarrollarse, otros han apostado por quedarse y concretar su vocación en nuestro país. Nadie puede asegurar si el futuro de Isabel y Alfonso será aquí o en el exterior, lo que sí podemos (y debemos) asegurar es la infraestructura adecuada para que otros jóvenes seducidos por el canto puedan formarse aquí. De esa forma, quienes lo logren y lleguen tendrán la posibilidad de vivir del arte en su país, realizándose ellos y enriqueciéndonos todos. D Augusto Techera. Periodista y gestor cultural, se inició estudiando canto pero muy pronto lo abandonó para dedicarse a proyectos de gestión. Ha escrito para las revistas Sinfónica, Klassicaa y el periódico La Diaria. Ejerció la crítica musical y fue coordinador artístico de Klassicaa.com durante los años 2005 y 2006. Desde enero de 2007 es asistente de dirección artística del Sodre. |
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