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D06 LA FELICIDAD DE HACER MÚSICA Imprimir E-Mail
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Música
por Egon Friedler   
sábado, 15 de diciembre de 2007

Image CRISTINA GARCÍA BANEGAS

Este año se celebran dos vigésimos aniversarios: el del Festival Internacional de Órgano y el del Ensemble Vocal e Instrumental De Profundis. Ambos son creación de la misma persona: Cristina García Banegas, una de las figuras emblemáticas de la cultura uruguaya, tanto por la envergadura de sus realizaciones dentro del país como por su proyección internacional.

No sólo en Uruguay es difícil mantener la continuidad de emprendimientos culturales privados. Es algo difícil en todas partes. Pero en un país pequeño, de escasa población, con un público relativamente reducido para manifestaciones de arte que están lejos de ser populares, esas dos décadas de actividad ininterrumpida constituyen una verdadera hazaña. Indudablemente parte del mérito debe ser repartida entre Cristina García Banegas y un pequeño y fiel grupo de colaboradores. Pero sin su energía y capacidad de trabajo que rozan lo legendario, tanto los festivales de órgano como la actividad regular y sin interrupciones de De Profundis hubieran sido imposibles.

Esta cualidad ya la advirtió la crítica nacional desde la irrupción de su grupo coral en el escenario cultural uruguayo. El 20 de noviembre de 1988, cuando De Profundis tenía sólo poco más de un año y medio de actividad, reseñando un concierto realizado en la iglesia de Punta Carretas, Washington Roldán escribió en El País un párrafo por demás ilustrativo:

“Cristina García Banegas debe de ser una de las intérpretes más activas y trabajadoras del medio musical nativo. Tiene una capacidad organizativa y una habilidad para repartir su tiempo muy envidiables. Algunas veces los inevitables apremios hacen que sufra la preparación de ciertas obras; pero en general obtiene muy buen nivel tanto en su papel de organista como de directora coral. En este programa, auspiciado por el Instituto Goethe, comenzó la noche afinando su propio clave. Luego dirigió un importante estreno de Schütz; después corrió hasta el órgano para tocar una obra de Bach; bajó nuevamente a la nave central para dirigir solistas y coro acompañando al clave; trepó nuevamente para dirigir el Motete para doble coro de Juan Sebastián. En todo ese trajín hubo sólo pequeños descuentos de calidad y el público que llenaba la iglesia de Punta Carretas la ovacionó largamente”.

Esa ductilidad y esa habilidad para hacer muchas cosas casi simultáneamente, más una notable rapidez para el aprendizaje de partituras, le han permitido hacer con su conjunto un vasto repertorio en el que ocupan un lugar prominente tanto un amplio repertorio barroco latinoamericano virtualmente desconocido, como algunas de las obras cumbres del sinfónico-coral universal. Entre los autores barrocos americanos descubiertos o redescubiertos por Cristina figuran, entre otros, compositores de la talla de Juan Gutiérrez de Padilla, Juan de Lienas y Gutierres Fernández Hidalgo, de quienes llevó parte de su obra al disco por primera vez.

El caso de la obra de Juan Gutiérrez de Padilla (1590- 1664) ilustra el sentido de innovación y los esfuerzos realizados por García Banegas para rescatar del olvido partituras de la América colonial. Habiéndose enterado que tres investigadores británicos –Bruno Turner, Martín Imrie e Ivan Moody– habían microfilmado partituras del maestro Gutiérrez de Padilla en la Catedral de Puebla, donde el compositor había sido maestro de capilla, averiguó sus datos y les escribió. A vuelta de correo recibió las partituras que entre tanto habían sido editadas. Pronto De Profundis incorporó varias de estas obras a su repertorio y cantó en varias oportunidades la misa Ego flos campi, que se convirtió en una de sus favoritas. En 1990, en una gira por México, la cantaron con gran emoción en la Catedral de Puebla, donde había vivido y trabajado el compositor.

Pero la devoción por la música barroca latinoamericana no le impidió enriquecer su repertorio, preparando y ofreciendo al público uruguayo grandes obras del repertorio universal, como La pasión según San Mateo de J. S. Bach (Palacio Legislativo, 1995), El vespro dela Beata Vergine de Claudio Monteverdi (Catedral Metropolitana, 1996), Gran Misa en Si Menor de J. S. Bach (Iglesia del Seminario, 2000), El Mesías de Haendel (Cine Teatro Plaza, 2002), Stabat Mater de Karen Szimanovsky (Hotel Radisson, 2003), Te Deum de Zoltan Kodaly (2004) Gran misa en do menor de Mozart (Teatro Solís, 2005), Réquiem alemán de Brahms (Sala Zitarrosa, 2006), Réquiem IK. 626 de Mozart (2006). No menos importante fue la última actuación de De Profundis –el mes pasado en el Teatro Solís–, donde presentó un programa unitario, con obras corales de Henry Purcell.

De las numerosas críticas que comentaron las versiones de estas obras cardinales de la historia de la música, nos limitaremos a citar una vez más a Washington Roldán en su comentario de la versión de la Misa en Si Menor de Bach, ofrecida el 6 de julio de 2000:

“García Banegas tiene el don de la comunicación cordial con sus músicos. Ha conseguido amigos fieles en toda América y en Europa, y esos amigos, como el fantástico violinista Manfredo Kraemer o la notable cellista Natalie Diehl, acuden a ayudarla para cada aventura quijotesca que ella les propone. Por eso, en este año consagrado a Bach, tan recargado para ejecutantes barrocos, García Banegas logró armar milagrosamente una orquesta estupenda de especialistas y pudo concertarla con el coro prácticamente sin fallas audibles y con una vitalidad ex-presiva impresionante”.

“El coro desde luego estuvo per-fecto en sonido, empaste, ritmo, ajuste y convicción. Hay voces jóvenes muy límpidas y hay can-tantes más fogueados que siempre han acompañado a García Banegas en giras y conciertos. Asombra la unidad tímbrica con que la directora los empareja como si todos vinieran de la misma escuela”.

Sin duda, los viajes interna-cionales de García Banegas como concertista de órgano le permitieron establecer conexiones que facilitaron la proyección internacional de De Profundis. Pero es indudable que si el conjunto no tuviera un nivel de calidad que le permitiera competir con coros europeos y estadouni-denses, las invitaciones habrían dejado de llegar al poco tiempo. Personalmente tuve la oportunidad de apreciar el rendimiento de De Profundis en su confrontación con otros conjuntos.

En mayo de 1990 fui invitado por la Fundación del Banco de Boston para acompañar al coro en su viaje a México y Estados Unidos con el objetivo de informar periodísticamente sobre la gira para el diario El País. En una de las varias notas que escribí sobre ese viaje me referí a la presentación de De Profundis en el Festival Coral Internacional de Missoula (Montana, Estados Unidos):

Image“¿En qué consiste el secreto de su éxito? ¿A qué se deber que fuera capaz de conquistar preferencias aun rivalizando con magníficos coros europeos? A nuestro juicio hay dos causas fundamentales: 1) La actitud vivencial del coro hacia la música. Mientras los coros norteamericanos sólo mueven el cuerpo en forma rítmica y premeditada como parte de un ‘show’ y los europeos en general prefieren una actitud estática, nuestros coreutas dejaron que el ritmo se apoderara espontáneamente de ellos. La música, con esa entrega espontánea, ganó en fluidez, en riqueza expresiva, en sugestión emocional. 2) La admirable personalidad artística de Cristina García Banegas. ¿Qué es lo que hace que la consideremos de mayor interés que los mejores directores del Festival, como Takashi Kuraoka, Rasa Galgotiene, Loreta Levinskaya y Mary Moore? La diferencia está en que mientras todos estos directores altamente competentes no dejan nada librado al azar y no confían en los trucos de ese diablo llamado ‘la inspiración del momento’, Cristina no vacila en sorprender a sus coreutas y a sí misma. Su elan musical es un instinto seguro que siempre le responde y los espléndidos jóvenes de De Profundis han aprendido a seguirla sin problemas. Eso hace que su manera de hacer música siempre tenga algo de aventura espiritual y de exploración interior. Por eso, si otros coros lograron convencer o deslumbrar al público, el nuestro tuvo la capacidad de conmoverlo”.

Este viaje fue el comienzo de una larga serie de periplos artísticos. Entre otros cabe mencionar el Festival Coral de Minneapolis (Estados Unidos), el de Música Antigua de Daroca (Zaragoza, España), el Festival de Naestved (Dinamarca), Klangbogen Orgelkunst Wiener Festwochen (Viena, Austria), los conciertos de verano en la iglesia Saint Germain (Ginebra, Suiza), Festival Internacional de Tandil (Argentina) y el Primer Festival de Música Renacentista y Barroca Misiones de Chiquitos (Bolivia). Además, De Profundis representó a Uruguay en la Expo 92 de Sevilla, España.

Cabe agregar la producción discográfica del conjunto, que cuenta con ocho fonogramas editados: entre ellos la primera grabación digital íntegramente realizada en Uruguay, Autores españoles del Renacimiento (1989), y el disco compacto Polifonía en la Nueva España (grabado en 1992 en Dombresson, Neuchatel, Suiza). Este disco fue el material con el cual el Ensemble audicionó para el Primer Festival Internacional Música Sacra de Rottenburg, Alemania, habiendo sido seleccionado junto a once coros más entre 83 aspirantes de 32 países. Ningún otro conjunto coral en toda la historia de la vida musical de Uruguay puede exhibir logros internacionales comparables.

A los éxitos de su coro se suman los de Cristina en su carrera de organista. Ya hace mucho que tiene una ajetreada agenda de viajes artísticos que la llevan regularmente a Europa, Estados Unidos, Japón, Israel, Rusia y diversos países de América Latina. Como si esto no fuera suficiente, alterna sus giras con la investigación de instrumentos de teclado antiguos y la búsqueda de manuscritos vocales e instrumentales de los siglos XVI a XVIII de América Latina, particularmente de Perú, Ecuador, Colombia, México y Bolivia.

En su extensa carrera ha obtenido numerosas distinciones. Una lista parcial incluye: primer premio de Virtuosismo en el Conservatorio de Ginebra (Suiza) en la cátedra de Lionel Rogg; primer premio de Excelencia, con felicitaciones del jurado en el conservatorio de Rueil-Malmaison (París) en la clase de Marie-Claire Alain; premio de órgano Echeverría (Toledo, España, 1981); premio Fraternidad 1993 otorgado por la B’nai B’rith del Uruguay; premio Bank Boston a la Cultura Nacional (2003); Medalla de Honor del Ministerio de Relaciones Exteriores y de Cultura de Polonia al ‘Mérito y difusión de la cultura polaca’ (2004); premio Morosoli a la Música Culta en el Uruguay (2005); y Premio Alas (2007) otorgado por la Fundación InterArte.

No caben dudas acerca de que Cristina García Banegas ha logrado la difícil hazaña de realizar simultáneamente una importante carrera en su país y en el extranjero. Por un lado ella constituye un valioso artículo de ‘exportación no tradicional’ del país y, al mismo tiempo, el público uruguayo tiene el privilegio de disfrutarla en su tierra. Por último, a todo lo ya dicho sobre su disciplina de trabajo, su energía y su habilidad para conseguir colaboradores tanto artísticos como organizativos, hay que sumar algo esencial: su actitud sonriente hacia la música y hacia la vida, que segu-ramente explica buena parte de sus logros. En fin, artistas de su calibre no aparecen con frecuencia en ninguna parte. D

Egon Friedler. Crítico de música, danza y teatro. En 50 años de periodismo ha colaborado con muy variadas publicaciones en Uruguay, Argentina, Chile, Brasil, Venezuela, México, Estados Unidos, Inglaterra, Francia e Israel.

 
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