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D07 LA DESPEDIDA DE JULIO BOCCA Imprimir E-Mail
Danza
por Silvana Silveira   
viernes, 29 de febrero de 2008

ImageA SU MANERA

Después de recorrer el mundo de punta a punta con su arte, el pasado 22 de diciembre el bailarín argentino Julio Bocca cumplió su promesa de retirarse apenas cumpliera los cuarenta años y le dijo adiós, de manera grandilocuente, a su viejo amor. Bocca se despidió, en su Buenos Aires natal, del público y de la escena, rodeado de bailarines que admira con los cuales compartió distintas instancias de su carrera: compañeros de ruta como los argentinos Eleonora Cassano, Maximiliano Guerra y Cecilia Figaredo, rutilante figura de su compañía, el Ballet Argentino, que dirige junto a la uruguaya Sara Nieto. No faltaron a la cita estrellas de la Ópera de París como Manuel Legris, con quien bailó en más de un escenario, primeras figuras de la escena internacional como la española Tamara Rojo, del Royal Ballet de Londres, y la exquisita bailarina rusa Nina Ananiashvili de la que fuera partenaire durante años en el American Ballet Theatre, entre otros. Alrededor de 400 mil personas asistieron a la Plaza de la República, donde estaba montado el escenario, así como una serie de pantallas gigantes que permitieron disfrutar del show desde todo punto de vista. El Ballet Argentino presentó su obra Repercusiones, y varios cantantes argentinos acompañaron los últimos pasos sobre el escenario de uno de los bailarines más grandes de todos los tiempos. Lo que sigue es un reportaje gráfico del ensayo de la obra Adiós hermano cruel, con la que se despidió en el Teatro Solís de sus admiradores montevideanos, así como de un fragmento de Repercusiones –a donde Dossier accedió de manera exclusiva– y algunos de los comentarios vertidos en una informal conferencia de prensa que dio en el Hotel Sheraton junto a un reducido número de periodistas, porque escucharlo es tan agradable como verlo bailar. Bocca se retiró feliz, tal vez porque, como cantó Mercedes Sosa durante la despedida, no se tiene miedo al invierno cuando hay recuerdos llenos de sol.

El retiro

“No. No pienso pasar el año tirado en un yate como dije alguna vez. Eso es lo bueno, que uno va cambiando. La verdad, no sé qué voy a hacer. En un momento estaba entre funciones, pensando en comprar el barco, me quería mudar, y de repente me senté y dije, estoy haciendo lo que vengo haciendo desde siempre: organizando, programando. Y justamente, no quiero programar nada”.

La libertad

“El otro día me levanté y era el cumpleaños de mi abuela: cumplía 91. Casi nunca pude estar en su cumpleaños. No tenía ganas de hacer clase, ni ensayo, nada. Me levanté y pensé: no puede ser que no esté en su cumpleaños. Así que agarré y me fui a Munro, porque ella vive en la provincia. La pasamos tan bien… tomamos unos mates, tranquilos, charlando, ella está divina. Quiero disfrutar de esas cosas”.

ImageEl mejor momento

“No puedo elegir un momento particular de mi carrera. Fueron muchas cosas. Imaginate que yo empecé muy chico. Mi idea era ser primera figura del Teatro Colón cuando entré en la Escuela del Colón. Y de golpe fueron pasando cosas. A los 14 ya estaba trabajando profesionalmente. De golpe vas a un concurso y ganás en un país que es la cuna del ballet, en Rusia. Un día te llama Baryshnikov para que vayas a bailar al American Ballet Theatre. Yo estaba operado, me espera. De golpe comparto escenario con Baryshnikov, conozco a Nureyev, bailo con Maia Plissetskaïa, con Alicia Alonso, con Carla Fracci, con Makarova, con todos estos monstruos. Empiezan a llamarme, voy a la Ópera de París… no puedo elegir un momento, todo fue mucho más allá de lo que yo me esperaba. Si tuviera que volver a repetir, repetiría exactamente lo mismo, menos las siete operaciones”.

Lo peor

“Tuve siete operaciones. Cuatro en la rodilla izquierda, una en la derecha y una en cada pie. Ligamentos rotos, meniscos, rótula, cartílago. Y bueno, fue parte de mi trabajo, digamos. No fue jugando al fútbol, digamos. Un bailarín tiene que cuidar todo. Lamentablemente usás todo, no podés tener nada lesionado porque en el trabajo nuestro no hay algo que no uses”.

El destino golpea la puerta

“La llamada de Baryshnikov me sorprendió. Recuerdo que cuando concursé en Moscú mi representante me preguntó adónde quería ir. Yo dije que me gustaría ir a Estados Unidos, al American Ballet, una de las mejores compañías del mundo, pero seguramente no iban a contratarme. Entonces se presentó la posibilidad de ir a Dallas, pensé que entrando en Estados Unidos luego sería más fácil poder llegar al American. De golpe hay un llamado de Baryshnikov que decía que quería incorporarme a la compañía, que había visto el video del concurso, bla, bla, bla… Hice doce horas de vuelo, llegué, me di un baño, fui al estudio, apareció él, me cambié, fui a clase, éramos él, el maestro y yo con la pianista, terminamos la clase y al día siguiente arranqué como primera figura, ni siquiera entrando como cuerpo de baile que es lo normal o como solista. No se acostumbraba contratar figuras estables”.

Arte, cultura y sociedad

“La danza siempre fue el último orejón del tarro. Ya de por sí en muchos países, sobre todo aquí en el Sur, la cultura es lo último, no es algo que esté presente. Y la danza siempre ha sido lo más dejado. A mí me fascinaría que en Argentina, la salud, la educación y la cultura fueran lo principal. Pero no lo son, es algo que está muy bastardeado. Pero uno lo recuerda, que la educación es algo muy importante para el crecimiento de un país, cosa que cuando uno vaya a votar, sepa bien lo que vota”.

El orgullo personal

“Si tuve que dejar algo fue porque quise, no porque me obligaran. Estoy terminando una etapa maravillosa, muy lleno de haber hecho muchas cosas y en la forma que yo quise. Hice la carrera a mi manera. Muchos me critican porque podría haber sido mucho mejor, podría haber hecho más funciones acá o allá: pero yo no tenía ganas de hacer eso, tenía ganas de hacer esto”.

La obra del adiós

“Lo que más me sedujo de Adiós hermano cruel fue la historia. Me despido con ella porque no quise quedarme en lo simple, en lo cómodo. Me gustó el desafío en la provocación. Eso fue parte también de mi carrera. Era muy lindo crear ese personaje y era la última gran producción que hacíamos con el Ballet Argentino, y tenía ganas de que me vieran también actuando, ganas de hacer un ballet completo, nunca tuve la oportunidad de hacerlo en Uruguay y ésta es una obra donde tenés que encontrar un personaje de comienzo a fin. La verdad es que me fascina, es una obra que está muy bien contada, que se entiende fácilmente teniendo en cuenta lo difícil que es la historia y lo dramática. La verdad es que salió bien y estoy feliz de poder hacerla”.

El legado

“La escuela cumplió diez años, tenemos más de 900 alumnos. Se mantiene sola. Es raro ¿no? Por suerte tengo una muy buena administradora que cuenta hasta el último centavito, cosa a la que no estamos acostumbrados nosotros. No sé acá, pero en otros países, no como en Argentina, usan hasta el último centavo. En junio el Ballet Argentino va a estar en España, vamos a hacer una gira en Mar del Plata en la costa como siempre. Están preparando una obra nueva. Trabajo está teniendo”.

Ana María Stekelman

“Amo las coreografías de Ana María Stekelman. Tiene su estilo, tiene su forma, vos ves una coreografía, ves otra y la reconocés, pero siempre tiene algo nuevo. Siempre te sorprende con algo. Y nos llevamos muy bien. Es una forma de que la compañía tenga un estilo. Y bueno, tiene el estilo de Ana María Stekelman. Costó mucho hacer obras con historias, yo siempre le pido que haga obras para bailar en puntas porque la base nuestra es clásica. Y nos planteamos esos desafíos, con ella hay algo muy lindo que no siempre pasa con los coreógrafos”.

Image

Propuesta estética

“El Ballet Argentino es una compañía neoclásica que puede hacer de todo. Desde clásico a contemporáneo. Siempre traté de que la compañía tuviera diferentes estilos, grandes coreógrafos, grandes obras para que se conozcan aquí y los bailarines conozcan ese estilo para su crecimiento artístico. Y poco a poco tener nuestro propio repertorio, pero también tener el trabajo de los grandes coreógrafos. Ahora estoy tratando de conseguir una obra de Vicente Nebrada que es un gran coreógrafo venezolano al que lamentablemente el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, no le permite hacer sus obras allá”.

Sara Nieto

“Mi idea cuando llamé a Sara Nieto [para dirigir el Ballet Argentino] fue tener adelante a alguien que los bailarines respeten, a una artista, y que esa artista tenga una experiencia internacional, que haya hecho obras con diferentes coreógrafos, con una visión abierta para poder trabajar. Sara es eso, una gran bailarina y alguien con una experiencia maravillosa que ha trabajado con grandes coreógrafos y eso le permite saber de qué está hablando cuando transmite las cosas”. D

Silvana Silveira. Cursó estudios en la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación. Ha trabajado como cronista en varios medios.

 
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