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D14 LA PINTURA DE JOAQUÍN SOROLLA Imprimir E-Mail
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Artes Plásticas
por Pedro da Cruz   
martes, 12 de mayo de 2009

Image IMPRESIONISMO MEDITERRÁNEO

Durante las primeras décadas del siglo XX, Joaquín Sorolla (1863- 1923) fue caracterizado como el maestro español de la luz. Mientras que los impresionistas franceses habían practicado su novedosa pintura al aire libre en los alrededores de París, preferentemente a las orillas del Sena, Sorolla utilizó recursos similares a los de ellos –a quienes admiraba– cuando pintó motivos de su entorno natal, en las costas del Mediterráneo. La diferencia radicaba en la luz y en el tratamiento plástico de la misma.

Nacido en Valencia en 1863, estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos. Como joven estudiante dio muestras de dominar la pintura histórica, que era la preferida en los salones y concursos oficiales de la época. En esta tónica, realizó obras como ‘Defensa del Parque de Artillería de Monteleón’ (1884) y ‘El grito del Palleter’ (1885), esta última basada en un personaje histórico, relacionado con la lucha contra la invasión francesa del país valenciano. Gracias a su destreza, recibió una beca para estudiar en Roma y París. La estadía parisina, en 1885, cuando tenía poco más de 20 años, fue decisiva para el desarrollo de su carrera. Fue entonces cuando conoció de cerca la pintura impresionista, que lo influyó profundamente. También se familiarizó con la obra de distintos pintores que practicaban un estilo naturalista, como John Singer Sargent, artista estadounidense que vivió en Europa, y el sueco Anders Zorn, quien sería reconocido por el tratamiento de la luz nórdica, especialmente los reflejos de la misma en el agua y los cuerpos desnudos.

 

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En 1889, año que se considera como el inicio de su etapa de consolidación artística, Sorolla pintó ‘Los guitarristas’, de la serie Costumbres valencianas, obra que tiene elementos comunes con ‘El almuerzo de los canotistas’ –pintada por Renoir en 1881–, especialmente por el ambiente festivo y distendido del motivo. La gran diferencia entre ambas es la recreación realista del entorno que hace Sorolla –el patio, con profusión de azulejos y botijos, la vestimenta de los personajes–, ejemplo de costumbrismo, de un cuidado por los detalles de tipo ‘local’ que sería desde entonces una marca distintiva del pintor valenciano.

Realismo social y denuncia

Un nuevo viaje a París, en 1894, reafirmó la tendencia del artista a dar preponderancia al color y la luz, estilo que en España sería llamado iluminismo y que desde entonces estuvo íntimamente relacionado con la figura de Sorolla; un estilo realista que lo llevó a interesarse por los problemas de las clases desposeídas a través de la elección de motivos populares. Algunas de sus obras de esos años expresan una crítica a las injusticias que percibía en la sociedad, por ejemplo ‘Otra Margarita’ (1892), ‘Trata de blancas’ (1894) y ‘Aún dicen que el pescado es caro’ (1895), mientras que en otras la crítica está incluida en la visión de la vida cotidiana de los trabajadores, como ‘La fuente’, ‘Buñol’ (1895) y ‘Cordeleros de Jávea’ (1898).

Sorolla pintaba al aire libre, instalaba su caballete con preferencia en El Saler o Malvarrosa, dos playas valencianas en las que durante la década de 1900 produjo la parte fundamental de las obras que la crítica considera su etapa culminante y que lo convertirían en un pintor enormemente popular en Europa y Estados Unidos. Se trata de cuadros cuyos motivos se focalizan en niños bañándose en el mar y pescadoras con sus hijos, con profusión de reflejos del sol y el agua en los cuerpos desnudos de los niños y las vestimentas de las mujeres. Los colores vibran, así como las sombras, las que no son de carácter compacto, sino pintadas con gran variación de violetas y marrones. Entre sus piezas más conocidas se cuentan ‘El niño de la barquita’ (1904), ‘Nadadores’ (1905), ‘Niños en el mar’ (1908), ‘Pescadora con su hijo’ (1908), ‘Niños en la playa’ (1910) y ‘Pescadoras valencianas’ (1915), esta última pintada en una de sus estadías en Valencia mientras trabajaba en Nueva York.

España en Nueva York

El reconocimiento internacional de Sorolla se consolidó después de importantes muestras en Europa y Estados Unidos, donde expuso en las ciudades de Nueva York, San Luis y Chicago, en estas dos últimas en 1911, año en que se considera que comienza la etapa final de la carrera del artista. Ese mismo año le hicieron el encargo de una obra de carácter monumental, la más importante que realizó en su carrera: una serie de catorce paneles con motivos de distintas regiones de España para decorar la Hispanic Society de Nueva York. Como preparación de la gran obra dedicó todo el año 1912 a recorrer España, realizando bocetos y tomando apuntes que reflejaban las costumbres y los motivos típicos de las distintas regiones del país.

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Sorolla se dedicó de lleno a este proyecto entre 1913 y 1919, pero no llegó a ver su trabajo instalado en el lugar definitivo, ya que la serie Visiones de España recién fue colocada e inaugurada en 1926, tres años después de su muerte. La serie comprende catorce paneles de tres metros y medio de altura y en total setenta metros de largo. Los motivos conforman un mosaico de prácticas y tradiciones de las más importantes comarcas españolas: entre otros ‘La fiesta del pan’ representa una costumbre de Castilla; ‘La jota’ muestra el baile típico de Aragón; ‘Los bolos’, el deporte practicado en Guipúzcoa; y ‘Los nazarenos’, las procesiones de Semana Santa en Sevilla. También comprende estampas de comarcas como Valencia, Galicia, Extremadura, Huelva y Cataluña.

Visiones de España le requirió a Sorolla un enorme esfuerzo pero también le otorgó un inusitado reconocimiento por el cual en 1919 fue nombrado profesor en la Academia de San Fernando, la prestigiosa Academia de Bellas Artes de Madrid. Lamentablemente, casi no pudo ejercer sus funciones, ya que en 1920 cayó gravemente enfermo, lo que incluso le impidió seguir pintando.

Jardines y retratos

Después de su primera visita a Sevilla, donde recorrió el Alcázar, del que pintó algunos motivos de sus jardines, como ‘Fuente Alberca del Alcázar’ (1908), Sorolla desarrolló una pasión por pintar vistas de jardines, tanto de lugares públicos como de ámbitos privados. Unos años más tarde pintó motivos de jardines de la Alhambra de Granada, como ‘El patio de Comares’ (1917), y nuevos motivos del Alcázar de Sevilla. Hacia el fin de su carrera pintó una serie de motivos del jardín de su propia casa, con el título común de Jardín de la casa Sorolla (1919 y 1920).

Otro aspecto importante de la obra de Sorolla es su desempeño como retratista. Durante su carrera pintó una serie de autorretratos, así como retratos de los miembros de su familia. En un temprano retrato de grupo, ‘Mis hijos’ (1904), se ve a su hijo y dos hijas en la intimidad del hogar, obra fuertemente influida por el arte de John Singer Sargent. A su esposa, Clotilde, la retrató en ‘Retrato de Clotilde’ y ‘Clotilde con traje de noche’ (ambos de 1910). Una de sus obras más conocidas es ‘Paseo a orillas del mar’ (1909), en la que retrató a su esposa y a su hija Elena paseando, con vaporosos vestidos blancos, por una playa de Valencia. Unos años más tarde retrató a su hijo adolescente en ‘Joaquín Sorolla y García sentado’ (1917).

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También pintó una serie de retratos de personalidades españolas: el rey Alfonso XIII, los escritores Juan Ramón Jiménez, Vicente Blasco Ibáñez y José Ortega y Gasset, la cupletista Raquel Meller y la actriz María Guerrero, entre otros. En Estados Unidos retrató al presidente William Howard Taft y a Louis Comfort Tiffany, creador de las lámparas que llevan su nombre. Pintó asimismo retratos de un amplio grupo de amigos y allegados, algunos posando en el jardín de su propia casa, como en ‘Retrato de la señora Pérez de Ayala’ (1920), obra que quedó inconclusa, ya que durante el proceso de trabajo sufrió el ataque de hemiplejia que marcó los tres años que le restaban de vida. Su desaparición prematura, tenía 60 años cuando falleció en 1923, no impidió que Joaquín Sorolla fuera considerado uno de los artistas españoles más destacados, y sin duda el más conocido, de fines del siglo XIX y comienzos del XX. D


Pedro da Cruz. Doctor en Ciencias del Arte por la Universidad de Lund, Suecia. Fue curador del Museo de los Bocetos, museo de arte de la Universidad de Lund. Artista plástico. Actualmente colabora en El País Cultural.

Museo Sorolla

El oasis del pintor

En las cercanías de los modernos edificios de la Castellana, sobre la avenida General Martínez Campos, tras un muro de ladrillos que oculta la construcción a los ojos del paseante, se encuentra la que fue la casa del pintor Joaquín Sorolla, sede del Museo Sorolla desde 1931. Aunque era natural de Valencia, Sorolla compró en 1905 los terrenos en los que mandaría construir su residencia madrileña. Cuatro años más tarde encargó la realización de la obra al arquitecto Enrique de Repullés y Vargas (1845-1922), el que finalizó su trabajo en diciembre de 1911, fecha en que el pintor se estableció en la nueva casa-taller con su familia.

ImageEl estilo de la construcción es el andaluz, con el exterior dominado por un gran jardín del tipo llamado patio andaluz – inspirado en los jardines del sur de España– con profusión de azulejos, esculturas, senderos y pequeñas fuentes. Los tres pisos de la casa fueron construidos alrededor de otro jardín del mismo tipo, aunque de menor formato, en el que el pintor retrataría a los miembros de su familia y una serie de allegados en el ambiente íntimo del hogar. El principal recinto de la planta baja es un gran taller con ventanales y luz cenital en el que Sorolla trabajó durante muchos años. Allí también había profusión de muebles y otros objetos, varios de los cuales fueron mantenidos en su lugar original, ya que el pintor recibía a entendidos y clientes en el taller, rodeado de sus obras.

La casa, planificada como una típica residencia burguesa de comienzos del siglo XX, también tenía en la planta baja un gran comedor, una sala y otros espacios, los que luego fueron transformados en salas del museo. De la misma forma, las habitaciones del primer piso, originalmente dormitorios de los miembros de la familia, también fueron acondicionadas como salas de exposición. Finalmente, las habitaciones de servicio del segundo piso albergan en la actualidad las oficinas del museo.

El núcleo de las colecciones del museo lo conforman las obras de Sorolla, las que están distribuidas por todos los espacios de la casa. Por lo general se adoptó el criterio de reunir las piezas por temas, como es el caso de una pequeña sala en la que son expuestos una serie de bocetos relacionados con la gran obra ‘Visión de España’. También hay una serie de muebles, imágenes religiosas de madera y salas donde se exponen obras de otros artistas –pinturas y esculturas que recrean el ambiente de la época en que la familia habitaba la casa– que formaban parte de la colección privada de Sorolla. El interés del artista por el arte popular español se evidencia en un par de pequeñas salas en las que son expuestas un gran número de cerámicas (botijos, platos, retablos y azulejos) de distintas regiones de España.

Dos años después de la muerte de Sorolla en 1923, su viuda –Clotilde García del Castillo– testamentó sus bienes al Estado español con el fin de crear un museo en memoria de su marido. El legado fue aceptado en 1931, y el museo se inauguró el 11 de junio de 1932. El primer director fue Joaquín Sorolla y García, único hijo varón del matrimonio. En 1973 el Museo Sorolla fue trasladado a la esfera estatal, pasando a ser una dependencia del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

 
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