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Música
D01 Vieja bossa nova, nueva bossa vieja | D01 Vieja bossa nova, nueva bossa vieja |
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| Música | |
| por Guilherme de Alencar Pinto | |
| jueves, 01 de marzo de 2007 | |
![]() Vinicius y García Vigil mediado años 70 Vieja bossa nova, nueva bossa vieja Existe consenso en que la bossa nova empieza con la aparición del primer disco solista de João Gilberto, en julio de 1958, un 78 rpm que incluía en uno de sus lados el tema ‘Chega de saudade’ (Vinícius-Jobim), arreglado por Jobim. Quedaba así definido el triunvirato fundador: el bahiano João Gilberto (1931) y los cariocas Antonio Carlos “Tom” Jobim (1927-1994) y Vinícius de Moraes (1913-1980), por entonces cónsul en Montevideo. El término bossa nova se venía usando para designar lo que fuera novedoso y con onda (algo así como nuevo swing). La expresión se asimiló al nuevo tipo de música a partir del segundo disco 78 rpm de João (noviembre de 1958), con ‘Desafinado’ (Jobim-Newton Mendonça): “Isto é bossa nova, isto é muito natural”. Estas grabaciones cambiaron vidas e hicieron furor, y en pocos meses había decenas de músicos, jóvenes en su mayoría, participando en festivales de bossa nova. Fueron bossanovistas, entre muchos otros, Carlos Lyra, Roberto Menescal, Ronaldo Bôscoli, João Donato, Johnny Alf, Moacir Santos, Nara Leão, Sérgio Mendes, Baden Powell, Marcos Valle, Jorge Ben, Edu Lobo, Elis Regina y Gilberto Gil. Perfil de una estética novedosaEn los primeros discos de João Gilberto el ritmo fundamental es el samba, que ahora incorporaba la armonía y la sinuosidad melódica del bebop y del cool jazz. Incluso con respecto a estos sofisticados géneros estadounidenses, la bossa nova presentaba una complejidad estructural inusual para el formato canción. La batida de guitarra inventada por João Gilberto daba al ritmo de samba el juego libremente sincopado del comping (acompañamiento de los pianistas usando acordes sueltos) que trajo el jazz moderno. Y del mismo modo en que los golpes sueltos estratégicamente dispuestos de los pianistas de bebop abrían el espacio para el juego más liviano y libre de los bateristas, la batida de João Gilberto permitió alivianar la percusión de samba, que en sus discos pasó a ser una batería americana tocada con escobillas. ![]() João Gilberto De hecho, la bossa nova puede ser vista como una de las manifestaciones de una oleada modernista que dominó la cultura brasileña a fines de la década de 1950. Estaban la poesía y la pintura concretas, la prosa de Guimarães Rosa, la arquitectura de Lina Bo Bardi y Oscar Niemeyer, el Cinema Nôvo, nuevas tendencias en diseño gráfico, las nuevas líneas educativas de la Universidad de Bahía, una incipiente industria automovilística, la ágil coreografía futbolística de Pelé y Garrincha. Brasil manifestaba la disposición a plantarse de nueva manera ante el mundo. Hasta entonces parecía haber sólo dos opciones: venderse con lo que Oswald de Andrade llamó “macumba para turistas” o imitar en forma dócil los estándares extranjeros. Pero ahora se adoptaba una tercera vía: pisar fuerte y decidir por cuenta propia qué es lo moderno, basados en la creencia de que el subdesarrollo económico y social no tiene por qué implicar subdesarrollo cultural. Brasil ya no quería destacarse por sus cocoteros, la sensualidad de sus mulatas y la maña intuitiva de su gente, sino por la inteligencia, el rigor y la creatividad lúcida; del subdesarrollo se aprovechaba en lo que aportaba de frescura, evitando su perfil de limitación provinciana. El Estado se sumaba a la nueva sensibilidad y la impulsaba activamente: en 1960 Brasilia (proyecto urbanístico-arquitectónico de vanguardia) fue inaugurada como capital de un país cuyo primer mandatario, Juscelino Kubitschek, era llamado popularmente “presidente bossa nova”. Protesta y complacenciaJoão Gilberto siempre fue apolítico, pero es significativo que los demás integrantes destacados de la bossa fueron todos de izquierda y varios de ellos se radicalizaron en el nuevo panorama político de inicios de los años sesenta. La veta brasileña de canción protesta derivó directamente de la bossa nova y se difundió sobre todo en el programa televisivo llamado O fino da bossa, comandado por Elis Regina desde 1965. Si el samba-jazz, el afro-samba de Baden y Vinícius, la influencia nordestina y la canción de protesta terminaron borroneando el perfil de la bossa, fue ésta la que sirvió de referencia a Caetano Veloso cuando, en 1966, propuso “retomar la línea evolutiva” de la canción brasileña bajo la consigna “chega de saudade” (basta de nostalgia), lo cual derivó en el tropicalismo.Teniendo en cuenta que para Caetano y varios de sus colegas de generación la bossa nova era sinónimo de vanguardia, evolución y rebeldía, resulta curioso notar cómo para Bob Dylan era precisamente lo contrario: “some may like a soft Brazilian singer, but I’ve given up all attempts at perfection”; aquí Dylan opone la “suave” música brasileña y su refinamiento técnico a una expresión visceral, “imperfecta”, pero quizá por ello más verdadera. Esta diferencia se explica en la forma en que la bossa fue asimilada en Estados Unidos a partir de 1962 y se convirtió en un fabuloso fenómeno comercial. En un momento en que la rebeldía personal de jazzistas como Cecil Taylor y Ornette Coleman no dejaba lugar a dudas sobre la intención comunicativa de las estridencias musicales que proponían, para Stan Getz, principal difusor de la bossa en el norte, el repertorio de João Gilberto y Jobim era “un soplo de aire fresco” en un momento en que el medio estadounidense estaba, según él, dominado por la “anemia”, “confusión” y la “búsqueda desesperada de innovación”. Era la recuperación de un melodismo lánguido y suave, condimentado por un ritmo latino (que la mentalidad puritana anglosajona suele vincular automáticamente a la supuesta permisividad sexual de la gente de piel más oscura), dignificada por un refinamiento armónico apreciable para sus estándares conservadores. A tal efecto, las canciones y los músicos de bossa nova surgieron, en Estados Unidos, como que subtitulados por el saxo aterciopelado del Getz maduro, las orquestaciones acuáticas de Claus Oggerman y una reverberación de supermercado, que contrastan radicalmente con la sonoridad seca y escueta de los discos brasileños de bossa. De un mismo golpe, el jazz cedió al rock el espacio de la rebeldía y juventud, y la bossa terminó siendo inmunizada contra posibles significados inquietantes que irradiaran desde Brasil a la comunidad internacional (aunque dichos significados no tuvieran más contenido político explícito que una autonomía de criterios y una disposición inteligente). En Estados Unidos y en casi todo el resto del mundo la bossa nova pasó a ser la almohada acústica para las seducciones a media luz de burgueses de mediana edad que querían ostentar refinamiento. Uruguay fue una de las poquísimas excepciones, quizá porque recibió la bossa por vía directa a través de la frontera, sin escala en Estados Unidos, como sucedió con la mayoría de los demás países. |
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