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Acervo Cultural y Patrimonial
D02 Una presencia del pasado | D02 Una presencia del pasado |
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| Acervo Cultural y Patrimonial | |
| por Yolanda Boronat y Marta Risso | |
| martes, 01 de mayo de 2007 | |
Las casas Bello & Reborati
El Estado incrementó sus inversiones en la realización de obras territoriales, urbanísticas y edilicias, en tanto el sector privado orientó la inversión en programas industriales, comerciales, como así también en la construcción de viviendas. En esos años se consolidan muchos barrios montevideanos con la realización de obras de infraestructura y dotación de servicios. A la apertura de nuevas avenidas y calles, se le suceden los fraccionamientos en cuyos lotes se van levantando las construcciones, que de modo coadyuvante con otros elementos del arreglo y equipamiento urbano público y privado, fueron caracterizando paulatinamente distintas áreas urbanas. Otro factor relevante que acompañó el crecimiento general del Uruguay fue el aporte de la migración europea. Entre 1923 y 1931 llegaron cerca de 180.000 inmigrantes, entre ellos técnicos en distintas áreas y principalmente artesanos idóneos en diversos oficios, que arribaron con un importante legado de su patrimonio inmaterial: conocimientos, costumbres y habilidades que constituyeron un aporte sustancial en la hibridación cultural uruguaya. El crecimiento de población demandó la construcción de viviendas. En tanto, el problema para acceder a ella por parte de los sectores de menores ingresos ya se consideraba un serio problema, los sectores de recursos medios encontraron soluciones viables, para concretar su aspiración a la casa propia, al amparo de la “Ley Serrato” de 1921, con préstamos del Banco Hipotecario del Uruguay. En la coyuntura de crecimiento económico y facilidades financieras para la construcción de viviendas, se produjo un auge del mercado inmobiliario. Se dio entonces en determinadas zonas de Montevideo un importante proceso de contemporaneidad constructiva que resultó —con la yuxtaposición de obras de diversos arquitectos y constructores idóneos— en una armoniosa coherencia formal de muy alta calidad arquitectónica, que aún se aprecia en varias áreas particularmente caracterizadas de la ciudad, y en las que se reconoce el aporte de las casas Bello & Reborati. Origen y consolidación de la empresa Alberto Reborati, avanzado estudiante de arquitectura, comienza a construir las primeras casas hacia 1914. Posteriormente se asoció con el empresario Ramón Bello, sociedad que se fue consolidando hasta formalizar, el 22 de julio de 1921, la firma empresarial Bello & Reborati. Esta fue creciendo aceleradamente, teniendo su período de mayor auge entre los años 1927 y 1931, construyendo alrededor de 500 casas, preferentemente en los barrios Pocitos, Punta Carretas y Parque Rodó. La empresa no construía viviendas para venderlas posteriormente en el mercado inmobiliario, modalidad que ha sido frecuente, tampoco ofrecía planes de financiación para la compra del terreno y la construcción. Trabajó siempre por encargo y siguiendo fundamentalmente dos líneas de acción, de acuerdo a las condiciones de partida que planteaban los comitentes. Por una parte atendió a la demanda constituida por quienes ya poseían el terreno y contrataban la construcción. Para este sector, los proyectistas diseñaron residencias de distintas características de acuerdo a los requerimientos específicos de cada comitente. La otra línea de acción fue innovadora, al proponer una modalidad operativa que facilitaba el acceso a la casa propia, lo cual acrecentó su cartera de clientes, los que debieron anotarse en “lista de espera”. La misma consistió en el procedimiento siguiente: la empresa señaba en los remates públicos de solares (modalidad de venta característica de la época) uno, dos o varios predios consecutivos, generalmente de 10 a 12 metros de frente, para subdividirlos y construir dos viviendas. Los terrenos se seleccionaban preferentemente en los nuevos fraccionamientos de los antiguos balnearios Pocitos y Ramírez, o próximos a ellos como Punta Carretas, áreas que fueron adquiriendo “prestigio”. La venta de solares se publicitaba mediante afiches, que hacían referencia a la residencia en esas áreas de personalidades destacadas de los ámbitos culturales, profesionales y políticos, complementándose con fotos o dibujos de importantes chalet o palacetes. La empresa ofrecía entonces a sus clientes —a dos comitentes por cada lote— el traspaso del terreno y la construcción de las casas según “planos tipos”. Contando entonces los clientes con la cesión del compromiso de compra - venta del terreno, contrataban la construcción, que cada uno podía financiar con recursos propios o con préstamos hipotecarios. Iniciada la construcción de ambas casas se procedía a la división catastral del predio y escrituración correspondiente y a toda la tramitación necesaria sin costos adicionales. Además podía suministrarle para alhajar la casa finalizada, mobiliario y elementos de decoración, realizados en talleres propios. El uso de “planos tipo” se asociaba en esa época con la construcción de viviendas “populares”. Bello & Reborati tuvo la osadía de proponerlos a una clientela de sectores de recursos medios y altos, en esa línea de acción innovadora que brindaba una solución integral y satisfacía ampliamente las aspiraciones respecto a la casa propia. Una nueva estética urbanaLa idea de repetición de varias viviendas en terrenos consecutivos que ejecutó esta empresa, se constituyó en una modalidad de configuración del tejido urbano, retomada posteriormente con gran auge al aplicarse la Ley de Propiedad Horizontal.Las “tiras” de casas Bello & Reborati localizadas en los barrios antes mencionados generaron, en diálogo armonioso con otras obras, un ambiente urbano particularmente caracterizado propio de una época, y que aun puede ser apreciado recorriendo algunas calles como por ejemplo Santiago Vázquez y Solano Antuña. El eclecticismo del lenguaje arquitectónico elaborado, que alude a citas tomadas de diversos referentes, no es ajeno al propósito de satisfacer el gusto de amplios sectores de población, particularmente definido en esos años de importante corriente migratoria y múltiples influencias culturales. En la demanda subyacía la necesidad de que la vivienda fuera representativa de aspiraciones que referían a nuevas formas de vida “moderna”, lo que implicaba disponer de espacios acordes a esos requerimientos. Los “planos tipos” resolvieron acertadamente, en predios de ancho reducido, dichos requerimientos. La vivienda se organizó en dos o tres niveles. En el primer caso, en la planta baja se ubicaron los servicios y espacios de relación y en la planta alta los dormitorios; en el segundo caso, en el nivel inferior se localizaron los servicios y el garaje, en la planta principal los espacios de relación: sala, escritorio y comedor, y en el tercer nivel los dormitorios. En ambas soluciones las viviendas presentan dos sectores: uno abierto al frente, al espacio ajardinado o directamente a la calle, y otro abierto al fondo. Ambos sectores en los distintos niveles se articulan mediante la escalera y los espacios de circulación centralizados. La organización interna tiene su correspondencia con la resolución volumétrica general y con la formalización de la fachada. Un toque de distinción
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Hacedores de ciudadPor Mariano Arana* |
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